Lo tengo claro. 17 de Marzo de 2004. Estadio Olímpico de Montjuic, Barcelona. 21h. Final de la Copa del Rey de fútbol entre el Real Zaragoza y el Real Madrid. Pero el Real Madrid el bueno, el de los galácticos, el que era imbatible, el gran favorito para ganarlo todo.Y allí estuve yo, con miles de aficionados zaragocistas más, animando como cual griego en un Panathinaikos-Olimpiakos. Recuerdo que anulé todas mis citas de ese miércoles por la tarde, ya que a las 15h salía el autobús. Pantalón vaquero, zapatillas deportivas, camiseta interior, forro polar marrón y encima la camiseta de la suerte, la del uniforme de color rojo del Real Zaragoza. Ésa camiseta no ha perdido ninguna final. Salida del autobús desde la Romareda. Acompañantes: mi hermano Mario y su amigo Javi.
Recuerdo con emoción parar a merendar ya cerca de Barcelona en un área de servicio invadida por seguidores zaragocistas. Recuerdo los cánticos relativos al Real Zaragoza y a Aragón, y aunque todos comentábamos que era casi imposible batir al Real Madrid en el fondo lo decíamos con la boca pequeña y en nuestro fuero interno teníamos la ilusión de poder ganar aunque nadie lo reconocía. No queríamos hacernos ilusiones.
Atasco en la entrada a Barcelona. No avanzamos nada. Joder, vamos a llegar muy justos. Nervios, ganas de llegar al aparcamiento del Estadio. Ya casi llegando a nuestro destino, salen cuatro aficionados del Real Madrid de un coche, primeros abucheos y primeros gestos de que van a perder cual emperador romano. Por fin, el autobús ya ha parado. Salimos corriendo cuesta arriba a buscar nuestra puerta de entrada. No parecía que estuviera tan lejos el Estadio del aparcamiento. Joder, las 20h50 y hay unas filas de impresión. Hemos debido de llegar todos a la misma hora. Los policías nacionales que están por allí los han elegido a propósito. De mínimo, 1,90m de altura, algo parecido de hombro a hombro y con una cara de mala ostia que mejor ni mirar.
Ya me acerco a mi puerta de acceso. Busco mi entrada nervioso. Antes de salir de casa ya me he asegurado diez veces al menos que la he cogido pero siempre te queda la duda. La agarro sin sentido ninguno muy fuerte. Mis dedos tiemblan. No noto frío. El corazón se me acelera. Oigo el rugido de la gente aplaudiendo y cantando dentro del Estadio y ¡horror! yo aún no he entrado. Al final entro. Todos corremos buscando nuestro asiento. Lo encontramos. Miro a mi alrededor. ¡Dios! ¡Qué impresión! Aunque lo intento, no logro ver ni al Rey ni a escuchar el Himno Nacional de España. ¡Pero qué más da...! ¡Lo importante es que ya estoy allí...!
Lo que ocurrió deportivamente todos lo sabemos. Con el primer gol del partido del inglés Beckham pensé: ¡nos van a meter la del calamar...! En el descanso, ya con 2-1 a favor del equipo maño, el bocadillo no me entraba, no me pude comer ni la mitad. Y ese gol de Galletti en la prórroga. No puedo describir lo que sentí cuando ví entrar el balón en la red. Es inexplicable. Te parece mentira que haya sido gol. Eso sólo pasa en la play. Grito tan fuerte el gol que me quedo sin voz. No puedo parar de gritar pero me es imposible. Mi garganta ya ha dado todo lo que podía. Un chico que se encontraba a mi lado con la camiseta avispa me sube a corderetas y ondeo mi bufanda. No recuerdo la cara del chico. Cortes de mangas a Helguera cuando se queja de la anulación de un gol. Y en los últimos minutos un abuelo a mi derecha, en las escaleras, fumándose un puro sin parar de moverse diciéndome "¡ésto está ganado, ésto está ganado, ya no hay tiempo para más!".
El sueño se hace realidad. HEMOS GANADO. Me abrazo a Mario y a Javi. Javi lleva una bandera de Aragón enorme. Javi y yo rompemos a llorar, no podemos más. Liberamos la tensión de esa manera, creo yo. Nos hacemos fotos. Me doy cuenta de que estoy viviendo algo histórico e intento disfrutarlo a tope, me gustaría recordar siempre la emoción de esos minutos. No quiero que esa sensación termine nunca. Me gustaría que el tiempo se parara.
Vuelta a Zaragoza en autobús. De repente me dá un bajón y me doy cuenta que estoy reventado, agotado, pero soy tan tan feliz en ese instante... A mi izquierda veo en un área de servicio a aficionados del Real Madrid. Pienso que menos mal que hemos ganado, porque volver a las 4 de la mañana a casa habiendo perdido y levantarte al día siguiente a currar tiene que ser horrible. Me da por pensar que ellos van a llegar a las 7 de la mañana a su ciudad y encima van a tener que aguantar a su compañero atlético en el curro.... El deporte es así.
Sigo soñando con que el partido de mi vida está aún por llegar...
6 comentarios:
Me alegro de que vivieras un día tan bonito. Para mí fue trsite, pero qué le vamos a a hacer
Me ha gustado el relato y el estilo. Olé Santi!
Pues sí sí... la de nervios que pudimos pasar porque eran menos diez y aún no habíamos entrado!! Pero desde luego mereció la pena. Sin lugar a dudas, también es el partido (en el que haya estado) de mi vida. Quizá le seguiría el 6-1 al Madrid de hace tres años... y por diferentes motivos el partido frente al Depor del año pasado que ganamos en el último suspiro con gol de Ayala... la pena, es que no sirvió para nada.
Como bien dice mi hermano, pese a todo espero que el partido de mi vida esté aún por llegar, y ojalá sea oyendo antes el: "the championsssssss..."
Por cierto, se supone que me toca a mí proponer tema y fecha, según orden alfabético, pero creo que debo pasar turno a Mr. Le Mans, ya que fui yo quien debutó con el tema de Fernando Alonso. Creo que es de justicia. Ya me diréis
Gran partido, sí señor, a mí también me gustó, no tanto como a vosotros, pero a mi manera iba a vuestro favor, jajaja.
Por cierto, la historia de "timos" entre At. Madrid y Zaragoza empezó ahí, nos creímos que Galleti era un crack y nos lo llevamos, luego os la devolvimos con Gabi y Luccin.
Yo recuerdo con la misma intensidad la final de la Recopa. Creo que puedo describir con precisión milimétrica la jugada del gol de Nayim en mi cabeza.
A todo esto hay que unir que era la primera vez que un chico de provincias salía de Zaragoza e iba nada menos que a París. Desde entonces París es mi segunda ciudad favorita.
Las emociones (¿irracionales?) que sentimos los forofos del fútbol son muy difíciles de describir. Cualquier persona que lea tu artículo y no le guste el fútbol (y no te digo nada si no tiene la suerte de ser del Real Zaragoza) no te podrá comprender. Yo te entiendo perfectamente porque las llevo sintiendo desde que era un niño y entraba por la puerta 14 de Infantil y veía a Rubén Sosa cuando se acercaba corriendo después de marcar un gol...
Bueno no quiero ir en plan "abuelo Cebolleta".
Año 1 de la Resurrección.
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