Hace diecinueve años, un 13 de febrero de 1990, el CAI Zaragoza de manos de un Davis sensacional se proclamó por segunda vez en su historia campeón de Copa al derrotar en la final al Juventud de Badalona de los Montero, Margall, Villacampa, Lampley, Jofresa, etc. Me acuerdo como si fuera ayer mismo de esa final, ya emocionadísimo por haber vencido al Real Madrid en semifinales por un sólo punto y con la esperanza de dar la sorpresa ante el todopoderoso Juventud. Qué alegrón más gordo me llevé. Recuerdo perfectamente el tapón de Belostenny que hubiera supuesto el empate del Juventud en la jugada justamente anterior al sexto triple de Davis que puso la puntilla al equipo catalán... Qué recibimiento en la Plaza del Pilar, no cabía ni un alma. Gritábamos: "Peña, la copa, se mira y no se toca..." mientras agitábamos orgullosos la bufanda rojilla. Diecinueve años después, la historia de momento no es tan brillante aunque los aficionados del CAI esperamos con paciencia a que vuelvan esos éxitos de antaño.Ha sido, sin duda, la mayor exhibición anotadora que se ha visto en la “era moderna” de la Copa del Rey. Y sirvió para dar un título, el último que conseguiría el antiguo CAI Zaragoza antes de desvanecerse. Mark Davis anotó 44 de los 76 puntos de los maños en la final de Las Palmas-90 y se convirtió en el rey del Ebro, culminando ante el Montigalá Joventut unos días gloriosos. Un año antes, y también con el CAI, Leon Wood, hoy árbitro de la NBA, había conseguido la misma marca ante el Caja de Ronda, pero fue en cuartos de final y con prórroga.
La historia tiene paralelismos evidentes, empezando por las propias características de los dos jugadores. Wood, oro con EEUU en Los Angeles-84, y Davis, que también había tenido un fugaz paso en la NBA, eran el mismo tipo de escolta “killer”, capaces de tirar y penetrar casi indistintamente. Jugones. En los libros queda sobre todo la hazaña de Davis porque nadie pudo pararle aquellos tres días en Canarias: primero derrotó al Valvi (85-79), con 32 puntos en 34 minutos; después cayó el Real Madrid (74-73, con 19 puntos de nuestro protagonista); luego, el momento culminante ante un Joventut que llegaba a la final como favorito.
La incorporación de Davis, en verano de 1989, tardó en tener el visto bueno general en Zaragoza. Sustituía precisamente a Wood, que había dejado un buen sabor. El nuevo escolta, una apuesta de Moncho Monsalve, apenas tenía experiencia en Europa (un año en Bélgica, en la 86-87) y llegaba tras una frustrante ida y venida de la NBA a la CBA, de cola de león a cabeza de ratón sin remedio.
La incorporación de Davis, en verano de 1989, tardó en tener el visto bueno general en Zaragoza. Sustituía precisamente a Wood, que había dejado un buen sabor. El nuevo escolta, una apuesta de Moncho Monsalve, apenas tenía experiencia en Europa (un año en Bélgica, en la 86-87) y llegaba tras una frustrante ida y venida de la NBA a la CBA, de cola de león a cabeza de ratón sin remedio.
En Zaragoza no tuvo un arranque brillante –se le achacaba su excesivo individualismo-- y la cabeza de Monsalve acabó rodando, siendo sustituido por el que probablemente ha sido el entrenador más joven que haya ganado una Copa del Rey: Chuchi Carrera, un hombre de la casa. A la cita de Canarias el CAI llegaba como “tapado”, pero tras deshacerse del Valvi Girona, el sueño creció definitivamente con la victoria ante el Real Madrid.
Curioso fue que en la final, disputada el 13 de febrero de 1990, no anotase su primera canasta hasta pasados los primeros 5 minutos, después de haber fallado dos triples y un tiro fácil a dos metros. Un 2+1 (min. 5), dos triples (mins. 6 y 8) y dos tiros libres (min. 9) metieron a su equipo en el partido al tiempo que tenía que preocuparse de la defensa de Jordi Villacampa. Antes del descanso, al que se llegó con ventaja maña por 38-35, anotaría otros 5 puntos. En total, “sólo” 16.
La fiesta llegaría luego. Su quinto triple (min. 22) dio paso a un vendaval ofensivo, con 8 canastas consecutivas de dos puntos (al contragolpe, a media distancia, pisando 6,25, una con adicional…) que fueron consolidando la ventaja del CAI. Para cerrar el “clinic”, un último lanzamiento de tres a falta de poco más de un minuto que sentenciaba hasta el 76-69. El nombramiento de MVP, que se instituyó precisamente aquel año, pocas veces ha estado tan claro.
“Para mí este título tiene un alto valor. Cuando se consigue un título, nunca es secundario en importancia. Todos son deben ser valorados en su justa medida. Estoy plenamente satisfecho con ganar en Copa. Una afición como la aragonesa se lo merece”, afirmó esa semana en Gigantes del Basket, no sin cierta “sobredosis” de humildad: “He jugado bien, sin más. El resto de compañeros también han jugado a gran altura. Lástima que sólo haya una nominación para premiar este aspecto. Simplemente me limité a hacer todo lo que estaba a mi alcance para que el CAI ganase. Sólo aproveché los bloqueos y las ayudas que mis compañeros me hicieron”.
Estadísticas del partido. http://www.acb.com/fichas/CREY54039.php
5 comentarios:
Felices tiempos... Luego, corrígeme si me equivoco, aún llegamos a jugar otra final que perdimos en el 95, no?
Yo también recuerdo estar en la Plaza del Pilar. Espero que el CAI se salve y nos consolidemos poco a poco en la ACB.
En respuesta a Mr. Le Mans, perdimos posteriormente dos finales, una en el año 92 frente a Estudiantes y otra en el 95 frente a Taugrés.
http://www.acb.com/partcopa.php?regular=1&cod_edicion1=56&cod_competicion=CREY&x=10&y=8
http://www.acb.com/partcopa.php?regular=1&cod_edicion1=59&cod_competicion=CREY&x=9&y=5
Y al año siguiente se perdió la final de la Recopa en Ginebra ante el Paok de Salónica del ínclito Panagiotis Fassoulas. Un partido también para la historia, aunque en este caso, para la negra historia del básquet europeo.
Recuerdo aquel partido, Conde. Los pobres que se atrevieron a ir volvieron desencajadicos...
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