miércoles, 21 de octubre de 2009
La tentación...
Casi siempre caigo en la tentación. Se me hace irresistible. Lo reconozco, soy débil. Me pasa a menudo. Incluso hay días que acudo dos veces. El caso es que bajo las escaleras que separan mi trabajo de la calle. Ando unos metros. Voy directamente al local de siempre. Todavía se hace más irresistible porque no suelen ser las mejores horas para acudir a un sitio de éstos y el cuerpo te lo pide a gritos. Abro la puerta del local. Huele muy bien. Siempre me saluda con una sonrisa alguna chica joven y muy agradable. Detrás de ella, hay decenas esperándome. Las miro con lujuria, hay de distintos tipos. Puedo elegir la que quiera. Depende de lo que me apetezca ese día ó de lo que esté dispuesto a pagar. Al final me decido. Pago el precio estipulado, ahora incluso es más barato que hace unos meses, la crisis ha llegado también a este sector. Por fin es mía. Las últimas horas no dejaba ya de pensar en ella. Mi cuerpo se estremece. Intento llegar al trabajo sin que se note, sin probarla, pero ha sido imposible una vez más...... ¡¡¡me he vuelto a comer el cuscurro de la barra de pan antes de volver a casa!!! ¿Os pasa a vosotros también...?
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2 comentarios:
Como no tengo hora fija de comprar el pan, dependerá del hambre que tenga y de la pinta de la barra. Pero reconozco que alguna vez también ha llegado "mutilada" a la mesa...
¡Eres de los míos! Sí, yo también me como el principio y el final del pan, me gustan más que el resto del pan. Y el pan recién hecho es una gozada, aarrgg (estilo Homer babeando).
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